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No tengo por sabios a esos
que consideran que el alabarse a sí mismo sea la mayor de las
tonterías y de las inconveniencias. Podrá ser necio si así lo
quieren, pero habrán de confesar que es también oportuno. ¿Hay
cosa que más cuadre sino que la misma Estulticia sea
trompetera de sus alabanzas y cantora de sí? ¿Quién podrá
describirme mejor [25] que yo?A no
ser que por acaso me conozca alguien mejor que yo misma. Sin
embargo, me creo mucho más modesta que esta tropa de magnates
y sabios que, trastrocado el pudor, suelen sobornar a un
retórico halagador o a un poeta vanilocuo y le ponen sueldo
para escucharle recitar sus alabanzas, que no son sino
mentiras. El elogiado, aun fingiendo rubor, hace la rueda y
yergue la cresta, como el pavo real, mientras el desvergonzado
adulador equipara con los dioses a aquel hombre de nada y le
presenta como absoluto ejemplar de toda virtud, aun sabiendo
que dista mucho de cualquiera de ellas, que está vistiendo a
la corneja de ajenas plumas, blanqueando a un etíope o
haciendo de una mosca elefante.(Erasmo de
Rotterdam) |
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Leyes no escritas, arraigadas en la costumbre 

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Hay que cambiar lo que deba ser cambiado 

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A falta de ley: los principios generales del
Derecho! 

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